La vida es una sola, cada momento que pasa ya es parte del pasado. Si somos conscientes que cada queja es tiempo desperdiciado en nuestra vida en este envase con fecha de vencimiento, entonces podemos vivir disfrutando de cada detalle como un regalo, y decir cuando nos toque irnos que fuimos inteligentes.

LO MEJOR ES VIVIRLA YA QUE AUNQUE NO LO VEAMOS A SIMPLE VISTA TODOS TENEMOS FECHA DE VENCIMIENTO 
martes, marzo 13, 2012, 02:04 PM


Siempre me pone mal y me produce ansiedad conectarme con la finitud de la vida, pienso en la gente que ya no está, en las tragedias y las enfermedades, así como en aquellos que se fueron de viejitos. Busco explicaciones por doquier, leo, investigo, a veces pienso en el destino, otras busco por el lado de la religión y lo único que consigo es quedarme allí desamparado, solo con preguntas que rebotan contra una pared que funciona como un limite que dice: "No se puede responder". Entonces trato de seguir mi camino sabiendo que de tanto en tanto, alguna noche (momento ideal para estas cuestiones por la desaceleración) asomarán a mi cabeza estas cuestiones, preguntandome sobre mi propia muerte, recordando la de gente cercana y alterando mi sueño, para buscar respuestas a algo que todavía no consigo acallar y no se si podré.
Como muchos temas sobre las cuales no consigo responderme, busqué una manera de tranquilizar el alma y para la cuestión de que todos tenemos fecha de caducidad la manera que mas se acerca es pensar en el "Aqui y Ahora" lo que sería para este caso poder reflexionar acerca de mi presente y modo de vivir, invitando a todos en este viaje.
Angustia pensar que alguna vez partiremos de este mundo, pero así como esto nos pone mal ¿Somos realmente concientes de que estamos vivos? ¿Cuanto registro tenemos de nuestra respiración, ritmo cardíaco y todos los procesos que ocurren en nuestro ser? ¿Estamos vivos si ni siquiera somos capaces de percatarnos de nuestros sentimientos?
"Vivir" es pensar la vida como un regalo, una oportunidad única y definitiva de trascender, que no quiere decir ser importante o hacer algo monumental por la humanidad, significa ser responsable de que mi momento es hoy y que lo que haga, como elija vivir, va a dejar huella sea bueno o malo. Si solamente me acuerdo de mi ser cuando aqueja un dolor o algo me molesta, no estoy aprovechando la oportunidad de celebrar el privilegio de la existencia, que por supuesto tiene sus complejidades y momentos dolorosos pero que si estoy dispuesto a mirar de verdad, puedo comprender y aprovechar la vida con su finitud, al máximo, sacandole el jugo lo más que se pueda. ¿Si hoy tendrías que partir de este mundo, te irías satisfecho? ¿Podrias decir que aprovechaste tu tiempo? Hoy puedo empezar abriendo los ojos y en vez de desesperarme sabiendo que en algún momento ya no estaré, agradecer valorando lo que sí hay y no lo que falta.
Aprovecho para recomendar un cuento que siempre uso con mis pacientes al respecto de lo que desarrollé en este artículo, se llama "el buscador" y es de Jorge Bucay.


EL CONSUMISMO ME CONSUME  
martes, diciembre 20, 2011, 03:54 PM


Camino por la calle y veo colores, letras gigantes, carteles que brillan llenos de promociones, pagos en cuotas, descuentos de bancos. Toda una parafernalia que nos lleva a vivir en un mundo donde prácticamente no decidimos nada; cargamos nafta tal día, compramos tal otro y salimos a comer, no cuando tenemos ganas sino cuando hay alguna promoción. Con todo esto nos ponemos contentos de haber sacado ventaja, de haber aprovechado una oportunidad y no nos damos cuenta de que en realidad todo esta creado como un plan estratégico para comprar y luego sentirnos realizados de haber conseguido algo mas barato. Ahora bien ¿Cuanto vale mi tiempo? ¿Equivale al tiempo consumido para acceder al 20%, 30%? Toda la malasangre que me hago por esperar mi turno de la fila ¿hace que luego pueda disfrutar de tal descuento?
Son tiempos de crisis (desde que yo me acuerdo en realidad...) y con las crisis sobrevienen las oportunidades para jugar con nuestros bolsillos por partes de las empresas que no pueden permitirse que baje el consumo, entonces apelan a grandes promociones en las que el multicolor y el bombardeo de información al respecto nos nublan la posibilidad de analizar si embarcarnos en tal gasto y sus implicancias, y hasta de darnos cuenta de si queremos salir tal día o estamos supeditados al día que nos aplican el descuento.
Vivimos en una sociedad (supuestamente desarrollada) que se jacta de la democracia y la libertad de todos sus habitantes, cuando en realidad, somos rehenes de una compulsión a consumir vorazmente; la tecnología cambia a pasos agigantados, lo que hoy es nuevo y lo último en el mercado dentro de 6 meses ya no sirve, es obsoleto y aunque queramos mantenernos al margen es muy difícil debido a que la información ya viene preparada para obligarnos a verla en algún formato nuevo.
Consumimos, compramos, gastamos y todo sucede tan rápido que resulta excitante, pero con la misma rapidez luego de tener enchufado el LCD o de comprarme ese par de zapatos, nuevamente empezamos a sentir el vacío y con el la angustia, y como no la toleramos volvemos a consumir, entrando así en un circulo vicioso pensando y juzgando que los adictos son los que consumen drogas y alcohol, sin hacernos cargos de que toda conducta compulsiva, sin mediación de un verdadero proceso de elección, y que sirve para tapar nuestra angustia y nuestros dolores psíquicos momentáneamente es una adicción, es algo de lo que no queremos hablar (a-dicción) pero que esta entre nosotros lo veamos o no; claro que como favorece la industria esta mejor visto ser adicto a comprar que ser un borracho o drogadicto, y lógicamente no estoy hablando de las consecuencias sino de los estigmas sociales, pero también comprar de una manera compulsiva, ser adicto y gastarse sumas ilógicas para la economía de cada uno es una enfermedad que debe ser revisada en cada uno de nosotros preguntándose cada cual si lo que está comprando es necesario, chequeando si es producto de una reflexión y no un impulso y además, y esto sería lo mas importante, entender que la satisfacción generada por lo nuevo se va y hay dos alternativas: vuelvo a consumir antes de angustiarme o trabajo en mi angustia para poder crecer valorando lo que tengo y me rodea aceptando lo que me falta y no tengo. En eso estoy y en eso estamos todos ¿No?


Mauricio J. Strugo

EL TERAPEUTA ESCULTURA CON OIDOS VS. EL TERAPEUTA PERSONA  
martes, noviembre 29, 2011, 01:37 PM


Quién acompaña a un paciente además de terapeuta es una persona, que como totalidad está atravesado por lo que le sucede puertas afuera del consultorio: como amigo, padre, hijo, hermano, esposo y otros roles que ocupa en su día a día. Es un individuo con una historia familiar y personal que lo hace un ser único en el mundo.
En mis primeros contactos con el Enfoque Gestáltico, una de las cuestiones que me conmovió y me hizo querer seguir sumergiéndome en su aprendizaje fue lo hermoso de descubrir que quien estaba del otro lado de la terapia era una “persona real”. Alguien humano que también sufría, a la que también le pasan cosas, que no es tan perfecto como la imagen idealizada que tenía yo de ese lugar cuando estudiaba en la universidad. Probablemente; la caída de ese ideal, hoy me doy cuenta fue más beneficiosa que el dolor de seguir sosteniendo una figura parecida a una estatua pero con oídos; escuchar del otro lado: - “A mi también me paso” o – “me conmueve lo que estás contando”, y ver que del otro lado te miran, y se dejan mirar con las emociones sobre la mesa, calaron mucho más profundo que tantas palabras que se llevó el viento; comprendí que esta era la relación diálogica de la que Martín Buber mencionaba cuando hacia referencia al yo – tú; recordé y tengo muy presente a todos los Terapeutas/profesores que acompañaron mi formación en la escuela de especialización en Gestalt de AGBA, cada uno con su estilo, con su particularidad, pero con la característica común de todos de poner el cuerpo, de estar presentes, Joseph Zinker dice: “ “Presencia” significa “estar presente” como uno mismo sin nada de más o de menos. La auténtica presencia no debe confundirse con carisma, estilo o fortaleza. Estar presente significa estar completamente cimentado para permitir al sistema cliente emerger, iluminarse, comprometerse y ser asimilado. Mientras la presencia es fácil de reconocer en el momento que la veo, es muy difícil describirla en palabras, es tanto una posición psicológica, como una apertura espiritual; es la apertura de los ojos y los oídos, pero también una apertura del corazón. Nos convertimos en “uno – mismo – como – testigo”.
Entonces y también ahora reflexionando acera de la presencia del terapeuta me surgen preguntas: ¿Cuánto del otro lado de la trama se juega al encontrarnos con eso que trae el paciente? ¿Para qué esa persona con ese conflicto cae cual paracaidista en nuestro consultorio como si fuese casualidad? Y más que intentar ilusoriamente encontrar respuestas estas preguntas me llevan a seguir reflexionando siguiendo en esta búsqueda en la que invito a compartir a quiénes anden por los mismos rumbos que nos llevan a preguntarnos un poco más acerca del otro polo de la terapia.
Los terapeutas no somos neutros ni totalmente objetivos precisamente porque somos personas, por más que lo intentemos, por ejemplo no emitiendo opiniones respecto a algo que traen los pacientes, seguramente por algún lado se nos escapará alguna señal que manifieste que nos pasa con eso que dice el otro. Tampoco podemos decir que quienes ocupamos ese sillón estamos libres de prejuicios, ya que como dije desde el principio, somos personas atravesadas por nuestras propias experiencias que repercuten en el modo particular de ver la vida y lo que ocurre en ella, y además nuestras emociones hacen que nunca estemos exactamente igual cuando atendemos a nuestros pacientes.
No tener presente todo esto puede ser un problema que además de perjudicarnos a nosotros, interfiera en el objetivo primario de brindar un espacio saludable para que el paciente pueda hacer su proceso terapéutico. Creo que es importante darnos cuenta que esto nos pasa a todos básicamente por ser personas, y así como le decimos a nuestros pacientes que para salir de un problema, primero hay que aceptarlo, y para no caer en la tan sabia frase: “en casa de herrero cuchillo de palo”, de la misma forma tenemos que proceder nosotros, para quizás luego de aceptarlo, poder integrarlo como parte de nuestra identidad profesional como recurso.
Pienso que para hacerlo, nos sirve tener un proceso terapéutico como pacientes pero creo que además de trabajar las cosas que nos van sucediendo en la vida, resulta vital descubrir nuestras fronteras y límites como terapeutas, tener en claro con que historias no trabajaríamos por nuestra forma de pensar, con que pacientes no voy a poder, porque lo que se juega en mi al estar acompañando es tan fuerte que hará el espacio más tóxico que nutritivo.
Por lo menos yo, voy viendo que por más intentos de abrirme que haga en pos de expandir mi personalidad, algunas cosas serán difíciles de cambiar o de aceptar, no porque sea terco, ni cerrado sino porque ese es mi límite hoy, hasta ahí elijo llegar, y sino lo tengo en cuenta realmente puede ser complicado y jugarme en contra; en todo caso y está bueno, revisaré cuales son mis prejuicios, que pienso al respecto de tal y cual tema para decir soy persona antes que terapeuta.


Mauricio J. Strugo


SOLEDAD VOY A ESTAR UN TIEMPO CONTIGO 
martes, noviembre 22, 2011, 08:10 PM


Me cuesta levantarme, pesa el cuerpo, tengo muchas ganas de llorar y sé que si lo hago será como abrir una canilla que no dejará de gotear; toda la gente de mi alrededor, los que me quieren me invitan acá, allá, me dicen que esté bien, que ya va a pasar la tormenta pero yo NO PUEDO, parezco caprichoso, cerrado y hasta mala onda. NO ME ENTIENDEN, NO ME ENTIENDEN, NADIE ME ENTIENDE ¿Yo me entiendo?
Vivimos en un mundo tan exitista que no tener una pareja es sinónimo de tener un problema, de ser casi un freak (fenómeno, bicho raro)como se dice ahora. Claro que esto no solo está alimentado por el afuera; para adentro, en nuestro interior, nos cuestionamos y empezamos a vernos bajo una lupa que encuentra, gracias a su aumento, todos nuestros defectos y ninguna cosa buena, porque si las tuviéramos estaríamos en pareja seguramente.
Desde adolescentes si no estas con alguien sos un perdedor, y a medida que van pasando los años, junto a ellos aparecen preguntas como: ¿Qué te pasa? ¿Y para cuando? Y sin casi darnos tiempo a responder, como si no fuesen preguntas sino aseveraciones aparecen juicios: "Y lo que pasa es que sos muy complicado vos" o "seguramente estas haciendo las cosas mal o no estas haciendo lo suficiente para conocer a alguien"o "tenes que apurarte sino se te va a pasar el tren" y entonces despacio pero a paso firme entramos en ese hermoso tren, que en realidad es un tren fantasma donde la soledad es el monstruo que mas miedo da del juego, sin darnos cuenta que a pesar de lo malo y lo pesado que puede ser, también puede ser una transición, un momento de encuentro conmigo mismo, en el cual reflexionar acerca de que quiero de la vida y corregir mi rumbo para estar bien primero solo y luego con el otro. Aunque parezca básico todo lo que yo sienta que no tengo o que no puedo, se lo voy a pedir al otro y casi seguro no va a poder cumplir con esas expectativas, porque es algo que tengo que resolver conmigo y aprender a darme lo que depende de mi.
Hay soledades elegidas y no hay nada que decir de ellas si no le crean conflicto a quién lo desea; en este artículo puntualmente me estoy refiriendo a la soledad de pareja como un sufrimiento, sin negar que también se sufre y mucho la soledad (no elegida) de no tener amigos, familias y distintos vínculos para acompañarme en la vida, porque el ser humano (aunque a veces no lo parezca) es un ser gregario, es decir tiene la tendencia a agruparse en manadas o colonias para vivir.
La soledad sobreviene porque se ha cerrado una pareja, y entonces hay que transitar el duelo y la aceptación de la misma para poder armar un nuevo vínculo; o porque nunca se tuvo la oportunidad de estar en un vínculo de este tipo. En ambos casos, teniendo en cuenta la complejidad de cada temática y respetando la subjetividad de cada persona con su propia historia, la soledad estará ahí presente, la ignoremos o la tengamos en cuenta permanecerá parada, allí firme como un soldado que hace guardia honrando la tarea encomendada. Si podemos mirarla a los ojos y presentarnos ante la soledad, sin enojarnos demasiado por lo que nos toca, entonces puede ser una hermosa oportunidad para entender que MEREZCO estar con alguien que intentando enriquecer su vida para él o ella misma se encuentre conmigo tratando de hacer lo mismo en la mía.


Mauricio J. Strugo

VIVIR EN MULTITASKING  
viernes, noviembre 18, 2011, 11:17 PM


En el presente hay muchas palabras que pasan a incorporarse a nuestro lenguaje cotidiano aunque provengan de otros idiomas. Una de ellas es multitasking cuya traducción lo mas aproximada posible sería multiprocesamiento.
Como todo artículo que escribo, parto de una reflexión para mi mismo, es decir que es un tema en el cual estoy inmerso, me preocupa y necesito pensar para vivir mejor, así la idea es abordar este fenómeno actual del multitasking.
Estamos inmersos en un mundo tecnológico, no podemos prescindir del confort que nos brindan los inventos cada vez más fantásticos y cercanos a lo que hace algún tiempo eran sueños. Nuestra cotidianeidad nos vincula todo el tiempo con la electrónica, la informática y la ingeniería. De esta manera, se crean constantemente aparatos cada vez más chicos, con mayor velocidad y capaces de desarrollar, gracias a sus procesadores, multitareas; de allí precisamente viene la expresión "multitasking" (task significa trabajo o tarea) se originó en la década de los 60', en el área de la computación. Se denominó con esa palabra a la capacidad de las computadoras de hacer correr más de un programa al mismo tiempo. En los seres humanos el multitasking significa tener la habilidad de hacer dos o más trabajos simultáneamente o pasar de un trabajo a otro y volver enseguida al primero todas las veces que sea necesario.
Todo muy lindo y sobre todo eficiente para las empresas que requieren humanos cuasi máquinas, que produzcan sin parar. pero aunque tristemente podemos darnos cuenta de esto y sabemos que las empresas lo promulgan, en vez de aprovecharlas para nuestro confort y ser más creativos, cada vez nos asemejamos mas y nos volvemos más autómatas. A veces pienso, aunque suene exagerado, que nada más nos falta tener un botón de "play". Estamos en una cena con amigos, los cuales no vemos hace bastante y al mismo tiempo mandamos mensajes de texto, nos llegan mails y contestamos llamados; arribamos a nuestra casa después de una larga jornada de trabajo frente a la computadora y que es lo primero que hacemos: mirar las últimas noticias en Facebook o miramos la televisión mientras cocinamos, hablamos con nuestras parejas y hacemos dormir a nuestros hijos ¿Que diferencia hay con una máquina? ¿Que nos sucede que no podemos estar presentes en casi ninguna situación y no nos damos cuenta que la vida va pasando aunque no querramos?
Aprovechemos el multitasking de las computadoras para escuchar música mientras procesamos un texto o para disfrutar de las posibilidades maravillosas de la tecnología, pero no vivamos emulándola, tratemos de apagar el celular una hora para estar verdaderamente en contacto con quien nos está mirado, escuchando, compartiendo algo y activemos todos nuestros sentidos; dejemos la televisión para ir a la plaza y revolcarnos con nuestros hijos, hagamos el intento de darnos cuenta que los aromas y colores de la ciudad son distintos en cada época del año y es un espectáculo que se puede disfrutar sin costo.
Hemos creado la tecnología para hacer uso de ella y si darnos cuenta terminamos esclavos y dependientes, pero hay un recurso contra todo esto, y es una de las esencias del ser humano, el "sentimiento" eso es lo que todavía no lograron copiar en las máquinas y funciona como antídoto cuando podemos verificar como nos sentimos, cuando preguntamos al otro como se siente o que siente, y funciona, todavía mejor cuando está acompañado de un mirar a los ojos mientras lo decimos o lo escuchamos. Nuestras emociones son nuestro mejor tesoro ojalá nunca nos las plagien


¿BENDITA CULPA? ¡MALDITA CULPA! 
viernes, noviembre 11, 2011, 03:55 PM


Siento un nudo en la garganta, me cuesta tragar, quiero esconderme, que nadie me vea, siento vergüenza y la panza se pone nerviosa, estoy ante la presencia del monstruo llamado CULPA.
Nos enseñaron y nos siguen educando bajo la creencia de que la culpa es un ordenador social, con la creencia de que sin ese sentimiento haríamos barbaridades. Las religiones hablan de pecados, castigos si hiciéramos lo que queremos al mismo tiempo que en sus nombres cometen atrocidades con sus pensamientos extremos y en nombre de ellos.
Si no realizo una acción porque me siento culpable ¿Fui honesto con lo que quería o actúe conforme a lo que se espera de mi? ¿Como me sentí luego?... ¿Resentido Tal vez?
La Culpa es el sentimiento de que algo que queremos hacer no se corresponde con lo que esperan de nosotros o que al hacerlo perjudicaría a otro como consecuencia, es decir es un sentimiento moral que no debería ser descartado ya que nos permite reflexionar sobre una acción, pero que de ninguna manera tiene que ser un censor de nuestros actos o un robotizador de nuestros pensamientos. Cuando dejamos de realizar algo que queremos pensando en extremos en los demás, nos llenamos de resentimiento, nos quedamos cargados y terminamos en algún momento echandole en cara algo que decidimos no hacer nosotros. Vale la pena aclarar para los que leen esto de una manera extremista (por las dudas), que esto no quiere decir que no es necesario pensar en el otro, o que tengamos que hacer todo lo que queramos. Vivimos en una sociedad y tenemos la facultad de saber la consecuencia de nuestro proceder, aunque en nuestra historia existieron personajes que se excluyen de la regla. El asunto es no regirnos por un sistema de valores tan rígido que dejemos de decidir o que tomemos decisiones, no a partir de lo que queremos, sino de acuerdo a lo que corresponde sin reflexionar acerca de nuestros deseos y circunstancias. ¿Qué sucede si hacemos algo que deseamos y con ellos decepcionamos a nuestros vínculos? ¿Y qué sucede si haciendo lo que nuestros vínculos esperan de nosotros nos decepcionamos a nosotros mismos? Ni lo uno, ni lo otro. Tenemos que tener en cuenta que esperan nuestros afectos de nosotros pero también pensar que queremos nosotros, siendo responsables de nuestras decisiones, sabiendo las consecuencias, pensandolas y viendo que si luego de varias revisiones quiero hacerlo, entonces tengo que seguir lo que siento. Tenemos que hacernos cargo de nuestro andar por la vida, siendo consciente que siempre dejamos huella en el camino. Vivir sin culpa es posible, se puede lograr cuando miramos al resto a los ojos, sinceramente, sin necesidad de explicaciones, cuando de verdad estamos convencidos de lo que queremos para nosotros y lo hacemos no para desafiar ni demostrar nada sino como parte del crecer. Y si en el camino alguien se siente ofendido, defraudado o no tenido en cuenta puedo pedir perdón, no desde la culpa sino por no cumplir sus expectativas intentando explorar mi camino como a mi me parece aunque me equivoque.
Siendo quién quiero ser, autentico, espontáneo y único, pasará que a algunos no le simpatice mi accionar, quizás se sientan defraudados, pero yo dejaré de ser una persona de cartón y seré todo, lo bueno y lo malo que habita en mi para los que quieran compartir su todo sin culpas.

Mauricio J. Strugo

COMIENDOSE LA VIDA 
martes, noviembre 1, 2011, 03:02 PM


Me detengo un momento a observar ese color que nunca antes me había percatado que tenía este producto, lo huelo y dejo primero que me atraiga por sus fragancias y sus colores, luego empiezo a tocarlo y también siento la textura; y entonces sí, empiezo a masticar y con cada mordida siento el sabor, el gusto que tiene esa porción, trituro cada bocado sabiendo que eso que estoy comiendo pasará a formar parte de mi ser.
¿Cuantas veces en nuestras comidas hemos dedicado aunque sea cinco minutos a registrar lo que estamos por ingerir y nos dimos la posibilidad de ser conscientes que lo que comemos se constituirá en un combustible para nuestro vivir diario? ¿Cuanta comida hemos tragado por el sólo hecho de cumplir con el almuerzo y cena sin sentir siquiera gusto?
Sugiero a todos hacer el experimento de comer más despacio, de disfrutar de cada bocado que se ingiere; verán que la comida de esta manera no engorda de la misma manera que cuando tragamos en automático cómo si fuésemos ese personaje de un juego clásico llamado pacman.
Ahora bien, entrando un poco más en el terreno de lo psicológico, podría decir (y seguramente todos coincidirán) que no sólo de comida nos llenamos; muchas veces junto con la comida o por separado tragamos un montón de cosas.
Para vivir en sociedad, nos enseñaron que no hay que expresar todo lo que pensamos y mucho menos aún lo que sentimos, para conducirse correctamente hay que saber comportarse cumpliendo con todos los mandatos que nos cuelgan: "los hombres no lloran", "tenes que ser fuerte", "hay que formar una familia, tener un buen auto y tener el futuro organizado", " a los 18 tenes que empezar una carrera universitaria", "las mujeres tienen que atender a los hombres", "si te acostas con muchas chicas sos un macho", "demostrar afecto a un amigo es signo de poca hombría", "las mujeres no pueden opinar sobre fútbol", "el hombre tiene la obligación de trabajar, la mujer puede optar", "disfrutar de un momento sin hacer nada es perder el tiempo", "hay que ser productivo", "hay que seguir adelante, la vida continua"; y podría seguir y seguir pensando muchos otros mandatos que alguna vez un maestro, nuestros padres, algún familiar, un par o algún medio de comunicación hizo que incorporemos sin que pase por una selección conciente de nuestro ser; a estos mandatos que pasan a formar parte de nosotros se los conoce como introyectos, y no es que sean una mala palabra sino que tienen que ver con la constitución de una estructura que nos permite vivir o decidir. El tema es lo que sucede cuando incorporamos un introyecto sin realmente pensar si queremos hacerlo; es como tragar un pedazo de carne sin masticarlo y trituralo bien primero (recuerden, si alguna vez les ocurrió algo de esto) nos atoramos, nos sentimos mal, "nos cae pesado", al igual que cuando hacemos y vivimos según mandatos que hemos incorporados sin hacer el ejercicio de masticar y digerir cada cosa para ver si elegimos incorporarla a nuestro modelo; esto sería darnos la oportunidad de pensar que cosa hacemos desde el orden de los "debería" para decidir si de verdad lo deseamos; por ejemplo: "debo ser un buen hijo" es algo que quizás tenemos incorporado porque socialmente nos enseñaron que hay que respetar a los padres y agradecerles por nuestra existencia, pero si lo hacemos desde la obligación aparece la duda y la culpa y hasta muchas veces el hacer para no ir en contra de lo establecido, pero entonces nos olvidamos de la elección y del placer de decir: "yo quiero ser un buen hijo", elijo hacerlo porque me siento bien y no para cumplir con las expectativas de nadie más que las mías.
En cuanto a los sentimientos, podemos darnos cuenta que nuestro sistema digestivo, en especial el estómago, constituye un gran indicador de cómo estamos o qué nos pasa: cuando tenemos miedo, bronca, angustia o estamos nerviosos, nos duele, decimos que se nos cierra la panza, o con la ansiedad contrariamente comemos sin importar que.
Muchos síntomas y enfermedades que involucran al sistema digestivo pueden ser perfectamente asociables al estado de ánimo que tenemos en ese momento: úlceras, descomposturas, vómitos, colon irritable, diarreas crónicas, hemorroides, son algunas de las que se me ocurren. Muchas veces pueden ser aprovechados para ver qué no estamos pudiendo expresar, qué nos preocupa en exceso, qué está pasando en nuestro entorno y revisar un poco nuestros vínculos con los demás.
A lo mejor contrario a lo que se cree todo el tiempo acerca de que son los adultos los que educan, tengamos que dedicarnos a aprender de los niños ya que ellos no necesitan tantas complicaciones para expresar lo que necesitan y lo que sienten. Si nos permitimos aunque sea un momento conectarnos con aquella época y empezar a elegir como lo hacen ellos podríamos ser conscientes de cuantas cosas tóxicas incorporamos a nuestro ser en vez de nutrirnos con lo que elegimos; y a partir de allí cada vez que comamos algo sentir que nos ALIMENTAMOS para vivir un día más razonando, sintiendo y existiendo, y no vivir para comer sino comer para vivir.

Mauricio J. Strugo


LA INCERTIDUMBRE NOS TOCA A TODOS ¿LA PADECEMOS O LA TRANSITAMOS? 
lunes, octubre 31, 2011, 11:23 AM


Prácticamente nadie puede decir que, por lo menos en algún momento de la vida no experimentó esta sensación, este estado, que refiere al no saber que va a suceder desde el futuro inmediato hasta el más lejano en tiempo; quizás algunos iluminados hayan aprendido a controlarlo, pero la incertidumbre nos toca a todos. Rozandonos o de un sopetón nos invade, nos penetra y hasta que no atendemos su puerta no deja de golpear. ¿Qué sería atender a su puerta? En Psicoterapia Gestalt se dice que cuando algún sentimiento, preocupación o deseo necesitan ser tenidos en cuenta, aunque lo evitemos todo lo que quisiéramos, aparece, se hace figura y todo lo demás pasa a ocupar el fondo. Pues bien, la incertidumbre golpea hasta que le abrimos esa puerta ¿Cuánto podemos negarla haciendo oídos sordos a tanto barullo? Evitar sólo pospone lo inevitable del encuentro y hasta lo hace que cuando llegue sea mas intenso.
¿Entonces que hacemos? Como con todo lo que evitamos, sobredimensionamos lo que podría ocurrir si enfrentáramos el problema, tenemos miedo de la tormenta que produciríamos y en cambio muchas veces es sólo una llovizna y de aprendizajes.
La incertidumbre es no tolerar lo inevitable de la vida, el comprender que no tenemos el control de casi nada... Y eso duele ¿No? Pero es así, pensemos un instante que controlamos, creemos que todo depende de nosotros, y si bien somos responsables de nuestras acciones hay una parte azarosa en la que no sabemos que pasará dentro de un instante y eso angustia.
Nuestra mayor incertidumbre tiene que ver con la muerte; Sigmund Freud decía que todos los hombres creemos inconscientemente que somos inmortales, todos tenemos la fantasía que no nos moriremos, pero esa fantasía es una evitación de algo que sabemos pero es muy duro aceptar. Todos tenemos fecha de vencimiento, lo que duele en todo caso es no saber cuando ocurrirá, como será ¿Llegaré a viejo? Y que podemos hacer: NADA, contra la muerte no se puede luchar, lo que si se puede es elegir como vivir el PRESENTE, que es el único espacio temporal y espacial sobre el que tenemos cierta responsabilidad y podemos elegir como vivirlo; no sabemos que ocurrirá dentro de un instante pero ahora estoy respirando, y si activo todos mis sentidos puedo ver, oler, escuchar, tocar y enriquecerme del estar vivo. Transitar la incertidumbre es aceptarla, es darse cuenta que hay cosas inevitables y no podemos vivir intentando todo el tiempo intervenir sobre ellas.
Ojalá, el tiempo que nos toque ser parte de este mundo sea aprovechado con todo mi ser, sabiendome afortunado por formar parte de la historia actual.

Mauricio J. Strugo


¿PORQUE NO VAS AL PSICÓLOGO? ¡PORQUE NO ESTOY LOCO! 
jueves, octubre 20, 2011, 03:36 PM


Cuantas veces escuchamos esta respuesta cuando aconsejamos a alguien esta opción. Ahora que se repita constantemente en el discurso social no quiere decir que sea una verdad.

Es necesario darnos cuenta que nos encontramos, con este tipo de respuestas, rondando el campo de los prejuicios, que son ideas internalizadas de discursos ajenos, que sin ser sometidas al pensamiento, uno adopta como propias. Basta que cada uno de nosotros piense un poco para darse cuenta que todos tenemos algunos prejuicios.

En este artículo es mi objetivo, primero dar cuenta que nos encontramos, como ya lo empecé a decir, ante una respuesta prejuiciosa; y seguidamente me gustaría someter a este prejuicio al pensamiento, para que luego, cada uno pueda obtener sus propias conclusiones.

La Psicología entre otras cosas se ocupa del sufrimiento psíquico. La ansiedad, el miedo, la angustia, el pánico, el duelo, la culpa y otros fenómenos psíquicos, juegan una mala pasada a todas las personas; uno puede sentir miedo y no por eso ser un loco, pero la cuestión de la locura es compleja, en realidad lo que quiero decir con esto es que la psicología al ocuparse por ejemplo del sufrimiento psíquico trabaja con algo que es propio de la humanidad y no patrimonio exclusivo de una enfermedad mental, aunque en estas, estos fenómenos tienen una significación especial.

Quién diga que en su vida nunca sintió nada de este orden, nos esta ocultando algo que compartimos todos, aunque no de la misma forma. ¿Es que como no querer no hablar del sufrimiento? Si en esta sociedad del “llame ya” y también del “soluciónelo ya” nos acostumbran, desde siempre, a seguir para adelante, a no caer, porque el que tropieza, es débil, el que deja de producir ya no sirve.

Pero el dolor psíquico, no es como un dolor de estomago, que cede y ya; este sufrimiento requiere de un tiempo diferente al que nos propone la rutina diaria. Además de nada nos sirve ocultar lo que nos pasa defendiéndonos bajo la formula de “eso es para locos”.

La psicología ofrece la posibilidad de un espacio en el cual esta permitido sufrir, pero que debemos aprovechar para entender lo que nos pasa y así poder elaborarlo, que no quiere decir para nada, olvidarse del problema, sino correr aquella piedra que no nos deja continuar el camino, en vez de saltarla.

Ahora bien, así como me parece que cuando un problema nos excede es necesario asesorarnos con un profesional, sostengo la idea de que la psicología o el psicólogo, no debe ser una muleta sobre la cual tengamos que apoyarnos por el resto de nuestras vidas; siempre habrá sufrimientos, algunos más soportables que otros, y para cada persona será difícil establecer cual será el sufrimiento más tolerable y él menos, pero habrá situaciones dolorosas que podremos tramitar con ayuda de la familia, de nuestros amigos o de nuestra pareja y otros que nos excedan y en las que sea necesario consultar un profesional.

Entonces, cuando tomamos la decisión de consultar a un psicólogo, no debemos sentirnos diferentes, el reconocer que algo nos pasa y demandar ayuda, muy por el contrario de lo que nos hacen creer, es signo de una futura madurez.

Mauricio J. Strugo

PAREJA DESPAREJA SE EMPAREJA Y SE DESEMPAREJA Y SE VUELVE A EMPAREJAR 
miércoles, octubre 19, 2011, 03:34 PM


Siempre me resulto muy interesante detenerme en las palabras y sus significados, muchas veces usamos términos sin pensar en el contenido de las letras que dan formas a estas. Una de esas palabras que usamos habitualmente es "pareja" y por lo menos aquí, el sentido con el que quiero utilizarla es el de dos personas que se unen en un vínculo afectivo. Prestando mayor atención a esta palabra, me permito preguntarme si en la unión afectiva de dos personas este término es aplicable. ¿Es parejo el vínculo? ¿Es pareja la relación? ¿Son parejas las personas que forman parte de esta unión? Y me surgen muchas preguntas en relación a este modo de llamar a este tipo de vínculo, pero así como preguntas espero un rato a ver si se asoman algunas respuestas así salgo de este lío que me cause; y empiezan a fluir algunas cosas que me pueden ayudar. Creo que no hay ninguna persona igual a otra, habrá gente que pueda tener algunos pensamientos y gustos compartidos, puede hasta haber dos personas que parezcan idénticas, pero siempre habrá algo propio de cada uno que lo diferencie de los demás y lo haga único. Entonces ¿Cómo es posible que desde lo desparejo (diferente) de cada uno, dos personas puedan constituirse en un vínculo llamado "pareja"? Pues bien, creo que el estar con otra persona es una elección, y como tal un acto responsable, en el cuál cuando uno está dispuesto a sostener una relación de amor con la otra persona no es que sacrifica su diferencia en pos de ser pareja, pero si tiene que buscar que hacer para emparejarse y constituir una pareja, lo complejo se da cuando ninguno quiere ceder ni un poco de lo que es, y cada uno se queda en su trinchera, es probable que todo empiece a ser tan desparejo que será imposible emparejar.

Una Pareja es algo sumamente complicado de constituir, pienso que la idea de ser o estar parejos es algo que se da por momentos, en los que hay armonía en el vínculo, lo visualizo más como una búsqueda, algo dinámico a lo que aspiramos y nos hace entusiasmarnos en relación al otro, intentando hacer cosas para emparejarnos, y es precisamente esto, si abrimos bien los ojos, lo que nos hace salir de la rutina; si le encontráramos la vuelta y nos emparejaramos, ya sabríamos que hacer, como movernos, y no seríamos diferentes a una computadora.

Para intentar constituirse en una pareja entonces hay que estar en el camino de emparejarse; esto no significa que ambos tienen que llegar a hacer y ser iguales; cada una de las partes sabrá cuál es su rol, conversará con la otra parte acerca de que necesita para si mismo y lo que puede poner para la relación.

Probablemente habrá que ajustar las tuercas muchas veces, pero sí tenemos claro que queremos con esa persona, entonces valdrá la pena hacerlo, tomando cada ajuste como un momento de crecimiento no solo de la pareja sino también de cada miembro que la conforma, porque también es importante aclarar que las diferencias están no solo para enojarnos o separarnos, sino como posibilidad de ver que tiene esta persona que está a mi lado (no por casualidad) para enseñarme por el tiempo que estemos juntos.
Deseo que quienes pasen por esta experiencia aprovechen el tiempo compartido para nutrirse, resguardándose de tantas cosas tóxicas que provienen del afuera.

Mauricio J. Strugo

RECONOCIENDO-NOS 
martes, octubre 18, 2011, 03:32 PM


Cuando me levanto a la mañana y prendo la televisión para ver la temperatura antes de salir, resulta inevitable hacer oídos y ojos sordos al bombardeo de información que proporciona este aparato en apariencia estética tan básico pero tan potente en los mensajes que trasmite; veo accidentes en las rutas, humo, secuestros, piquetes contra k, violencia, piquetes K, inflación, falta de alimentos (un coctel muy nutritivo para desayunar) y aunque puedo darme cuenta lo contraproducente que me resulta lo que estoy recibiendo y que con solo apretar un botón puedo cambiar y elegir otros sonidos e imágenes a veces me quedo ahí sufriendo, indignandome con mis "compañeros de vida" (puede sonar rebuscado llamarlos así, pero en definitiva son todas las personas que "aquí y ahora" comparten mi realidad, su realidad, nuestra realidad); refunfuño para dentro, me quejo para afuera con mi pareja, con el portero, taxista, vecino, amigos y vivo indignado por todo lo que ocurre y parece no tener solución; en realidad muchas veces en estas charlas acaloradamente pensamos alternativas, opinamos y debatimos soluciones, pero siempre tienen que ver con cosas que tienen que hacer los demás, principalmente nuestros gobiernos. A todos nos sale fácil enojarnos y sentir bronca contra los políticos, tenemos muy claro lo que no hacen y deberían para que todo mejore, somos como los espectadores de un partido de fútbol en el que desde afuera puteamos a los jugadores de nuestro equipo porque tal no hizo el pase que pensábamos era el mejor, o el otro no disparo al arco cuando recibió la pelota; estaría bueno ver que muchas veces miramos lo que ocurre frente a nosotros como público o hinchada, sin darnos cuenta que somos parte del equipo y que el resultado depende mucho más de lo que creemos de nosotros mismos que de nuestros directores técnicos.

A todos nos sale muy fácil opinar e indignarnos por lo que pasa pero ¿Nos involucramos como protagonistas de esa película? ¿Asumimos que cada uno de nosotros contribuimos más de lo que creemos en la realidad de nuestro país e incluso de nuestro mundo?
Los seres humanos tenemos mecanismos de defensa que reducen las posibilidades de una interacción plena con el ambiente, son formas de comportarse que, a fuerza de repetición, se oponen al libre desarrollo del ciclo de contacto o de satisfacción de las necesidades. Uno de estos mecanismos es conocido como "Proyección" que es una forma de resistencia que consiste en atribuir a otro un aspecto rechazado de sí, en lugar de ser un participante activo de su propia vida, el proyector se convierte en un objeto pasivo, víctima de las circunstancias.

Lo que aquí propongo es que dejemos de reconocer tanto en el afuera para mirarnos e incluirnos a nosotros como parte de un todo, que podamos pasar del conociendo al reconociendo y luego del reconociendo al "reconociéndonos" como herramientas fundamentales para que el resultado del partido pueda darse vuelta.

Quisiera aprender a hacerme cargo de mis intolerancias, de mi violencia, indiferencia e incluirme responsablemente para después exigir para afuera; pienso que esto suele resultarnos difícil porque está arraigado en la identidad Argentina el sentirnos víctimas de todo lo que pasa, poner en los otros la responsabilidad y despotricar para afuera, esperando que ocurra un milagro que cambie todo.

En psicoterapia Gestalt cuando aparecen proyecciones se trabaja para que el paciente se percate de ellas y pueda pensar que tienen que ver con él aquellas cosas que le molestan, e identifica fácilmente en el otro, para así rescatarlas y aprovecharlas en su propio proceso, para su crecimiento personal ; Quizás de un modo aproximado cada cual puede identificar que le irrita de la sociedad y ver que ocurre cuando a esos reclamos , que pareciera que nadie escucha, los rebotamos hacia nosotros y tratamos de ver que ocurre con aquello que tanto nos molesta afuera, en el seno más intimo, en nuestro mundo interno, con nuestras relaciones más cercanas, con los amigos y después con el resto de las personas que conforman el mundo, en vez de ir de afuera para adentro invertir el camino y empezar por uno, viendo que para entender al otro primero hay que conocerse a uno mismo, haciendonos cargo de como queremos vivir la película que no por casualidad a cada uno de nosotros nos toca vivir, podemos mirarla muy cómodamente desde una butaca reclinable o implicarnos en ella.

Estoy seguro que podemos aprender a estar mejor en el tiempo que nos toque transitar por estos pagos, estoy convencido de que el camino para lograrlo es "reconociéndonos" para recién ahí sanar nuestras heridas como "compañeros de vida"

Mauricio J. Strugo